14 de marzo de 2017

Cartas filosóficas

Séneca

La filosofía estoica sigue siendo recordada en el presente a la vista de títulos recientemente publicados como The Daily Stoic: 366 Meditations on Wisdom, Perseverance, and the Art of Living (2016) o referencias de autores y escritores no directamente asociados a los estudios clásicos o la filosofía, sino a temáticas cercanas al desarrollo personal, las ciencias cognitivas o hasta la fotografía. No falta año en el que se publica algún libro o estudio sobre su obra en los principales centros editoriales del mundo, como nos recuerda Antonio Fontán, el prologuista de la edición que aquí comentamos.

Más allá de estos fenómenos, cualquier momento es bueno para volver a leer las obras originales de los clásicos, si no lo hemos hecho nunca por primera vez y si ya lo hemos hecho, su relectura nunca puede considerarse tiempo desaprovechado.

El personaje histórico

Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba el año 4 antes de Cristo y murió en Roma el año 65 después de Cristo. Fue político y un destacado filósofo y poeta. Las fuentes de la época lo reconocen como uno de los oradores más brillantes de su época y fue un escritor de éxito. Hasta nuestros días han llegado más de 2.000 páginas de sus obras lo que es signo del interés que estas despertaron. Fue condenado a muerte por el emperador Nerón como represalia por participar supuestamente en una conspiración en su contra. Séneca se quitó la vida con la ayuda de sus criados mientras pronunció un discurso que sus secretarios recogieron por escrito pero que no ha llegado hasta nuestros días. En este acto final de su vida hizo gala de su filosofía estoica y se sumó a otros tanto personajes que en la Antigüedad aceptaron la pena capital que la autoridad vigente les impuso, como es el caso del propio Platón, en el que Séneca –sin lugar a dudas– pensó a la hora de seguir su ejemplo.

La carta como género filosófico

Séneca es el autor de uno de los epistolarios más apreciados de la literatura clásica. Es el caso más claro y destacado de escritura sobre los asuntos de la vida y la filosofía que adopta un tono tan sobrio, directo y personal. A este tenor, escribe Antonio Fontán en su presentación:

Las epístolas a Lucilio reúnen en sus 20 libros 124 cartas que Séneca dirigió a su joven amigo Lucilio, que era procurador Imperial de la provincia de Sicilia en aquellos años finales de la vida de Séneca en que se escribieron. (…) Las epístolas son de contenido filosófico y filiación estoica y en gran parte están presentadas como las respuesta del maestro a problemas de orden teórico-práctico –de pensamiento o de conducta– que le habrían planteado su joven amigo. En ellas se encierra, de un modo aparentemente asistemático pero en realidad muy coherente, la peculiar versión del estoicismo que es la filosofia senecana. Constituyen un texto muy romano, no sólo por la frecuente referencia a aspectos de la vida real del autor y del destinatario (viajes, costumbres, personajes, historias, tradiciones, etc.), sino por la seriedad moral y el sentido de la responsabilidad del sapiens que en ellas se dibuja y por las citas literarias que esmaltan el texto.

En efecto, aunque la concepción y el fin de estos textos no sea su exposición pública, la coherencia de sus temas y su discurso es notable, por lo que entendemos que Séneca ejerció en todo momento la filosofía mundana por la que ha sido tan reconocido y leído desde su época hasta nuestros días.

Del morar en sí a lo necesario y suficiente

En la primera carta Séneca nos plantea un tema de una lectura muy contemporánea y en el que ya resulta clarísimo el estilo y los fundamentos que guían sus opiniones. Nunca nos dejará de sorprender que un texto epistolar escrito por un ciudadano romano con destino a un contemporáneo suyo pueda tener hoy, 2.000 años después de su redacción, relevancia para nosotros y que no sea tan difícil extrapolar sus temas a nuestras propias circunstancias. La concentración o la simplicidad frente al exceso, la distinción entre lo esencial de lo superfluo, el valor de lo que Séneca denomina morar en sí (trabajar sobre un campo de recursos propios y coherentes con nuestro entorno y nuestros fines) frente a la fragmentación, son temas que se ven desarrollados al ponerlos en referencia con otros dos temas principales como son los viajes y las lecturas.

Vale la pena que citemos al completo esta primera carta para entrar en contacto directamente con su estilo, sus argumentos, y así invitar a su lectura:

Carta sobre los viajes y las lecturas

Por las nuevas que me das y las que escucho de otros, concibo buena esperanza de ti: no vas de acá para allá ni te inquietas por cambiar de lugar, agitación ésta propia de alma enfermiza: considero el primer indicio de un espíritu equilibrado poder mantenerse firme y morar en sí.

Mas evita este escollo: que la lectura de muchos autores y de toda clase de obras denote en ti una cierta fluctuación e inestabilidad. Es conveniente ocuparse y nutrirse de algunos grandes escritores, si queremos obtener algún fruto que permanezca firmemente en el alma. No está en ningún lugar quien está en todas partes. A los que pasan la vida en viajes les acontece esto: que tienen múltiples alojamientos y ningunas amistades. Es necesario que acaezca otro tanto a aquellos que no se aplican al trato familiar de ingenio alguno, sino que los manejan todos al vuelo y con precipitación.

El cuerpo no aprovecha ni asimila el alimento que expulsa tan pronto como lo ingiere; nada impide tanto la curación como el cambio frecuente de remedios; no llega a cicatrizar la herida en la que se ensayan las medicinas; no arraiga la planta que a menudo es trasladada de sitio; nada hay tan útil que pueda aprovechar con el cambio. Disipa la multitud de libros, por ello, si no puedes leer cuantos tuvieres a mano, basta con tener cuantos puedas leer.

«Pero», argüirás, «es que ahora quiero ojear este libro, luego aquel otro». Es propio de estómago hastiado degustar muchos manjares, que cuando son variados y diversos indigestan y no alimentan. Así, pues, lee siempre autores reconocidos y, si en alguna ocasión te agradare recurrir a otros, vuelve luego a los primeros. Procúrate cada día algún remedio frente a la pobreza, alguno frente a la muerte, no menos que frente a las restantes calamidades, y cuando hubieres examinado muchos escoge uno para meditarlo aquel día.

Esto es lo que yo mismo hago también; de los muchos pasajes que he leído me apropio alguno. El de hoy es éste que he descubierto en Epicuro (pues acostumbro a pasar al campamento enemigo no como tránsfuga, sino como explorador): «cosa honesta -dice- es la pobreza llevada con alegría».

Mas no es pobreza aquella que es alegre; no es pobre el que tiene poco, sino el que ambiciona más. Pues, ¿qué importa cuánto caudal encierre en su area, cuánto en sus graneros, cuánto ganado apaciente o cuántos préstamos haga, si codicia lo ajeno, si calcula no lo adquirido, sino lo que le queda por adquirir? ¿Preguntas cuál es el límite conveniente a las riquezas? Primero tener lo necesario, luego lo suficiente.

Séneca nos recomienda que tengamos pocos libros, al menos sólo los que podamos leer y a los que podamos dedicar lecturas pausadas con las que extraer si acaso una máxima al día, sacando de ellos todo su jugo. Esto parece contradecir la práctica común entre muchos lectores y bibliómanos: la de atesorar una anti-librería creciente, una sección de nuestras librerías personales que acogen los libros no leídos y que constituyen un proyecto de lectura para el cual aún no ha llegado su momento. Personajes reconocidamente unidos a esta tradición son Umberto Eco, Chimen Abramsky o Nassim Taleb (quien desarrollo este concepto en su libro El cisne negro: «Una minoría muy pequeña entiende que una biblioteca privada no es un canto al ego, sino una herramienta de investigación. Una biblioteca debe contener lo máximo posible sobre lo que usted no sabe mientras sus medios económicos se lo permitan»).

Pues bien, aunque Séneca considere que querer «ojear ahora este libro, luego aquel otro» es propio de «estómagos hastiados» que degustan muchos manjares que «indigestan y no alimentan», ¿y no es también a esto a lo que la fluidez de la comunicación digital nos obliga? También podemos desarrollar otro argumento a partir de esta afirmación:

Si no puedes leer cuantos tuvieres a mano, basta con tener cuanto puedas leer.

Debemos plantearnos por tanto, ¿cuántos libros podemos leer? ¿con cuáles aún estamos en deuda? ¿qué clásicos no hemos leído aún?, ¿qué libros esenciales nos por falta leer, y por tanto, con cuáles aún tenemos trabajo pendiente y cuáles debemos poseer para dedicarnos a ellos con intensidad? ¿Cuáles son, en definitiva, nuestros planes de lectura a corto y largo plazo?

Al igual que Séneca no fue un amante de los viajes pero no le faltaron las experiencias cosmopolitas, pues tras nacer en Córdoba pasó su adolescencia en Egipto por conveniencia médica con algunos familiares, para después continuar su formación en Roma donde desarrolló la mayor parte de su carrera con el paréntesis de 8 años en el que fue desterrado a Córcega por Caligula. Nosotros podemos pensar que tras la exploración dispersa y circunstancial de la juventud, debemos madurar, ocupándonos de consolidar aquellos campos sobre los queremos tener un conocimiento relevante y profundo.

Ficha del libro

TítuloCartas filosóficas
AutorSéneca
EditorialGredos
Fecha de publicaciónMayo 2010
GéneroEspistolario
FormatoPapel
mm

Acerca de Eduardo Zotes

Fundador y editor de Clave de Libros. Licenciado en Filosofía en la Universidad de Oviedo (2005) y Posgrado en Gestión Cultural en la UOC (2007). Trabajo en el desarrollo y asesoramiento de proyectos de comunicación digital desde 2008.

Categoría

Diarios y Cartas, Filosofía