15 de septiembre de 2017

Matadero Cinco

Kurt Vonnegut

Matadero Cinco o la cruzada de los niños es el libro sobre la II Guerra Mundial que la sociedad posmoderna de la segunda mitad del Siglo XX necesitaba. Una parodia cruda y amarga de dicha guerra y de los estragos que causó a quienes participaron en ella.

Kurt Vonnegut tardó años en escribir el libro que le demandaba su editor sobre su experiencia en la II Guerra Mundial y en el bombardeo sobre la ciudad alemana de Dresde. Una masacre realizada por el bando de los aliados que arrasó una ciudad indefensa, donde murieron casi el doble de personas que en Hiroshima sin necesidad de utilizar bombas nucleares.

La novela trata sobre la vida de Billy Pilgrim. Esta se nos presenta mediante una multiplicidad de tiempos. Podemos encontrarnos en 1944, cuando Pilgrim fue enviado a la guerra como ayudante de capellán, para, de repente, saltar a su madurez y verle como un óptico con una vida aburrida en Ilium, una ciudad ficticia perteneciente al estado de Nueva York donde Vonnegut sitúa muchas de sus obras.

Estos viajes en el tiempo nos sirven para, desde una perspectiva posmoderna, hacer visible el horror de la guerra, que no termina, como en otras novelas bélicas, cuando finaliza el combate, sino que se prolonga en el tiempo llegando a alterar la misma percepción que se tiene de éste.

En el primer capítulo, el autor norteamericano nos presenta la novela que tenemos entre manos. Nos desvela su principio y su final, así como las dificultades que tuvo para terminar una novela sobre la guerra y sobre Dresde:

Me disgustaría decir lo que este asqueroso librito me ha costado en dinero, malos ratos y tiempo. Cuando volví a casa después de la Segunda Guerra Mundial, hace veintitrés años, pensé que me sería fácil escribir un libro sobre la destrucción de Dresde, ya que todo lo que debía hacer era contar lo que había visto. También estaba seguro de que sería una obra maestra o de que, por lo menos, me proporcionaría mucho dinero, por tratarse de un tema de tal envergadura. Pero cuando me puse a pensar en Dresde las palabras no acudían a mi mente, al menos no en número suficiente para escribir un libro.

La gente no debe mirar hacia atrás. Ciertamente, yo no volveré a hacerlo. Ahora que he terminado mi libro de guerra, prometo que el próximo que escriba será divertido.

Porque éste será un fracaso. Y tiene que serlo a la fuerza, ya que está escrito por una estatua de sal, empieza así:

Oíd:

Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo…

y termina así:

¿Pío-pío-pi?”

Para hablar de Matadero Cinco no podemos olvidarnos del contexto sociohistórico que trata y en el que está escrita la novela. No podemos entender la segunda sin conocer el primero.

El bombardeo de Dresde –junto con las otras matanzas de la II Guerra Mundial por parte de ambos bandos– se convierte en el detonante para que la modernidad finalice, y para que dé su entrada la posmodernidad. Esta cambiaría todos los discursos propios del periodo anterior haciendo posible que esta novela sobre un hombre raptado por unos extraterrestres del planeta Trafalmadore –los cuales le enseñarán que el tiempo no funciona de manera lineal, como creemos los terrícolas– sea la novela definitiva sobre la II Guerra Mundial y sus atroces consecuencias.

El tiempo trafalmadoriano

Esta novela es definitiva porque nos presenta un mundo resumido en un personaje, el peregrino Billy, cuya existencia queda marcada para siempre por el horror del conflicto armado, algo que trastorna más a Billy que la nueva concepción del tiempo trafalmadoriano. Esta es revelada durante los meses que los habitantes de Trafalmadore retienen a Billy atrapado en una suerte de zoo en su planeta, haciendo que, desde ese momento, viva su vida con una perspectiva desde la cual el suspense, el miedo a la muerte y la incertidumbre que siempre depara el mañana desaparecen.

Gracias a conocer el tiempo tal y como los trafalmadorianos lo entienden, Billy viaja de un momento a otro de su vida, llegando a experimentar la muerte como un momento igual que otro sobre el que vuelve una y otra vez:

–¿Dónde estoy? –preguntó Billy Pilgrim.

–Atrapado en otro bloque de ámbar, señor Pilgrim. Estamos precisamente donde debemos estar en este instante, a quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Y nos dirigimos, por un hilo del tiempo, hacia Tralfamadore. Este viaje quizá nos lleve horas, o tal vez siglos.

–¿Cómo… he llegado hasta aquí?

–Eso, para usted, requeriría otra explicación terrenal. Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.

También en este sentido de lo temporal encontramos uno de los fragmentos más interesantes de la obra y de la narrativa contemporánea, una reproducción simbólica de la guerra de forma invertida. Una manera posmoderna de hacernos sensibles ante el horror de la guerra sin mostrarla directamente –como lo haría un escritor previo al cambio de paradigma– sino a través de la parodia, deformando la realidad para hacernos verla de forma clara a aquellos que no la hemos vivido, los que sostenemos el libro entre las manos:

Aviones americanos llenos de agujeros, de hombres heridos y de cadáveres, despegaban de espaldas en un aeródromo de Inglaterra. Al sobrevolar Francia se encontraban con aviones alemanes de combate que volaban hacia atrás, aspirando balas y trozos de metralla de algunos aviones y dotaciones. Lo mismo se repitió con algunos aviones americanos destrozados en tierra, que alzaron el vuelo hacia atrás y se unieron a la formación.

La formación volaba de espaldas hacia una ciudad alemana que era presa de las llamas. Cuando llegaron, los bombarderos abrieron sus portillones y merced a un milagroso magnetismo redujeron el fuego, concentrándolo en unos cilindros de acero que aspiraron hasta hacerlos entrar en sus entrañas. Los containers fueron almacenados con todo cuidado en hileras. Pero allí abajo, los alemanes también tenían sus propios inventos milagrosos, consistentes en largos tubos de acero que utilizaron para succionar más balas y trozos de metralla de los aviones y de sus tripulantes. Pero todavía quedaban algunos heridos americanos, y algunos de los aviones estaban en mal estado. A pesar de ello, al sobrevolar Francia aparecieron nuevos aviones alemanes que solucionaron el conflicto. Y todo el mundo estuvo de nuevo sano y salvo.

Cuando los bombarderos volvieron a sus bases, los cilindros de acero fueron sacados de sus estuches y devueltos en barcos a los Estados Unidos de América. Allí las fábricas funcionaban de día y de noche extrayendo el peligroso contenido de los recipientes. Lo conmovedor de la escena era que el trabajo lo realizaban, en su mayor parte, mujeres. Los minerales peligrosos eran enviados a especialistas que se encontraban en regiones lejanas. Su tarea consistía en enterrarlos y esconderlos bien para que así no volvieran a hacer daño a nadie.

Los pilotos americanos mudaron sus uniformes para convertirse en muchachos que asistían a las escuelas superiores. Y Hitler se transformó en niño, según dedujo Billy Pilgrim. En la película no estaba. Porque Billy extrapolaba.

Y se imaginó que todos se volvían niños, que toda la humanidad, sin excepción, conspiraba biológicamente para producir dos criaturas perfectas llamadas Adán y Eva.

Encontramos fascinante este extracto. Su poderío visual es apabullante y bebe directamente de la influencia cinematográfica y sobretodo televisiva. Sin estas sería mucho más difícil para el autor tanto imaginar una realidad así como reflejarla de esta manera tan ilustrativa. Nos encontramos aquí pues, con una visión del tiempo posmoderna que acompaña a otras cuestiones que hacen que Matadero Cinco se reivindique a si misma como posmoderna. Lo hace además de forma consciente debido a que el autor se sabe parte de este nuevo paradigma rupturista. Otro ejemplo, la pesada carga metaliteraria que tiene.

Metaliteratura en Matadero cinco

Desde el principio de la novela Vonnegut nos hace consciente de la misma. De hecho, el primer capítulo es una introducción, escrita tras finalizar la novela, en la cual se nos relata el difícil proceso de escritura del libro debido a las complicaciones por reflejar la guerra con veracidad.

El propio autor se cuela de vez en cuando en la novela –escrita en tercera persona– a modo de extra para llamar la atención del lector. Este no está leyendo ni una novela realista ni un libro documental sobre la II Guerra Mundial. Es una obra de ficción. Porque a veces solo la ficción nos ayuda a entender la realidad.

Es importante la figura de Kilgore Trout, escritor ficticio de novelas de ciencia ficción, que vive en el olvido en la misma ciudad de Billy, uno de sus únicos admiradores. Trout se nos presenta como un alter ego del autor, diferente a Billy Pilgrim. Un escritor con ideas alocadas y futuristas que vistas cincuenta años después de la publicación de la novela no son tan disparatadas como pudieran parecer. Nos plantea una actualización del Nuevo Testamento mediante un cambio en el momento en el que Jesucristo es reconocido como el Hijo de Dios o un posible diagnóstico de ciertas enfermedades mentales que solo podían ser detectadas en la cuarta dimensión y no por los tridimensionales médicos terrícolas.

Son también numerosas las alusiones a otras obras, reales o ficticias -la mayoría libros de historia o guerra-. Por las páginas de Matadero Cinco desfilan extractos de un libro de un miembro ficticio del Ministerio de Propaganda nazi, Howard W. Campbell, Jr., americano traidor a la causa aliada que aparece en otra de las novelas de Vonnegut: Madre Noche de 1961; el discurso del Presidente Truman tras probar la bomba atómica en Hiroshima; de Delirios Populares Extraordinarios y la Locura de las Masas, de Charles Mackay -que le sirve al autor norteamericano para presentar la guerra en si como una cruzada de niños, subtítulo de la obra que nos ocupa-; o Dresde: arte, historia y paisaje de Mary Endel, entre otros.

Además de permitirse más de una broma sobre el mundo literario. Por ejemplo, un pasaje en el cual Billy Pilgrim interviene en un programa cultural de radio sobre el futuro de la novela para hablar de los trafalmadorianos colándose sin que nadie le controle.

Luego, el locutor pidió a los periodistas su opinión sobre el papel que la novela podía representar en la sociedad moderna. Uno dijo:

–Puede representar el toque de color en una habitación de paredes blancas.

Y otro:

–Puede enseñar a las esposas de los ejecutivos novatos lo que deben comprar y cómo han de comportarse en un restaurante francés.

Finalmente, le concedieron la palabra a Billy. Y empezó, con aquella maravillosa voz que tanto había estudiado, a hablar de los platillos volantes y de Montana Wildhack, etc.

La contracultura y la censura

Matadero Cinco elevó a Kurt Vonnegut a los altares de la contracultura. Publicada por primera vez en marzo de 1969 –dos años después del llamado verano del amor y solamente unos meses antes del Festival de Woodstock– recoge todo el impulso reivindicativo y social de los años 60 en los Estados Unidos.

El alegato antibelicista que es esta obra, no habría sido posible sin la lectura que se dio de los acontecimientos que ocurrieron tras y durante la II Guerra Mundial, reforzados por las protestas contra la Guerra de Vietnam. Vonnegut nos lo dice desde el inicio de la novela: las guerras están mal. Es una queja, sin embargo, manchada de pesimismo:

Al paso de los años, la gente que he conocido me ha preguntado muchas veces en qué trabajo, y por lo general yo he contestado que la obra más importante que tengo entre manos es un libro sobre Dresde.

Una vez le dije eso a Harrison Starr, el productor de cine, y él levantó las cejas inquiriendo:

–¿Es un libro anti-guerra?

–Sí –contesté–. Me parece que sí.

–¿Sabes lo que les digo a las personas que están escribiendo libros anti-guerra?

–No. ¿Qué les dices, Harrison Starr?

–Les digo, ¿por qué no escriben ustedes un libro anti-glaciar en lugar de eso?

Lo que quería decir es que siempre habría guerras y que serían tan difíciles de eliminar como lo son los glaciares. Desde luego, también yo lo creo.

El autor se alinea con la incomprensión de los trafalmadorianos, que conciben un mundo en paz centrándose en los buenos momentos y tratando de mantener apartados los malos.

Debido a esto, a la visión que Vonnegut a través de su pluma o de la del ficticio Howard W. Campbell Jr. da de los ideales americanos, pero también de la visión satírica y parodializadora que da de la guerra –en la que la mayoría de soldados son demasiado jóvenes, demasiado viejos o no quieren estar allí– la obra se enfrentó a la censura por parte del Gobierno estadounidense, prohibiéndola en colegios y bibliotecas públicas, y a las malas críticas de entre los más conservadores de la profesión.

A pesar de eso la vigencia de Matadero Cinco es evidente a día de hoy como el reflejo perfecto de una generación clave en el cambio de la sociedad occidental. Para el recuerdo la visión cómica de la guerra que da de un grupo de soldados ingleses, los primeros prisioneros de guerra, que llevan cuatro años viviendo encerrados por los alemanes:

Los ingleses iban limpios, estaban de buen humor y se veían decentes y fuertes. Cantaban rugiendo a pleno pulmón. Y eso que llevaban cantando juntos, cada noche, desde hacía años. También habían levantado pesos y hecho gimnasia durante aquel tiempo. (…) Además todos eran maestros del ajedrez, del juego de damas, del bridge, del dominó, de los crucigramas, del ping-pong, del billar e incluso del morse.

Se les podía contar entre la gente más sana de Europa, en términos de alimentación. Pues un error burocrático cometido a principios de la guerra, cuando todavía llegaban alimentos a los prisioneros, había sido causa de que la Cruz Roja les enviara cada mes quinientas raciones de comida en lugar de las cincuenta que les correspondían.(…) Los alemanes les adoraban, pues creían que eran exactamente lo que los ingleses tienen que ser. Sabían transformar la guerra en una cosa elegante, razonable y divertida. Por eso les dejaban ocupar cuatro cobertizos, aun cuando todos juntos cabían perfectamente en uno solo. Además, a cambio de café, chocolate o tabaco, les daban pintura, lumbre, clavos y materiales para que pudieran instalarse cómodamente.

Doce horas antes se les había comunicado que estaban en camino unos huéspedes americanos. Y como hasta entonces jamás habían tenido huéspedes, en seguida se pusieron a trabajar como perfectas amas de casa, barriendo, lavando, cocinando, horneando, haciendo colchones de paja y sacos, y colocando mesas y distribuyendo y colocando regalos festivos para sus próximos compañeros.

Una nueva concepción del mundo

El mensaje central que quiere transmitirnos Kurt Vonnegut con esta obra es la de que lleguemos a pensar en el mundo que nos rodea de manera diferente. Billy Pilgrim tras ser raptado por los trafalmadorianos y aprehender su visión del tiempo asume una actitud contemplativa y conformista. No se emociona por lo que sucede en su vida debido a que ya sabe cómo terminará. Sin embargo, llegado el momento decide que el mundo está preparado para conocer la verdad sobre el tiempo: interviene en un programa de radio, empieza a escribir cartas a periódicos y acaba realizando conferencias en las cuales da fe de que existe otra manera y otro tiempo en el que vivir. En una de ellas, incluso, llega a anunciar su propia muerte ante los incrédulos espectadores para mostrarles el sentido de la vida.

De la misma forma que el público se mostraba escéptico ante Billy se mostró el también ante los trafalmadorianos, por ejemplo, cuando le explicaron el irreversible destino final del universo:

(…) Si los demás planetas aún no están en peligro por causa de la Tierra, pronto lo estarán. Así pues, les ruego me digan el secreto para llevarlo a la Tierra cuando regrese y conseguir nuestra salvación. ¿Cómo puede vivir en paz un planeta?

Billy se sentía como si hubiera hecho un gran discurso. Por lo tanto quedó desconcertado al ver que los tralfamadorianos cerraban sus manecitas visuales. Sabía ya, por experiencia, lo que ello significaba: que estaba diciendo estupideces.

–¿Le importaría… le importaría decirme –le preguntó al guía desanimado– qué es lo que hay de estúpido en esto?

–Conocemos el fin del Universo –contestó el guía–, y la Tierra no tiene nada que ver con él, a excepción de que también será su fin.

–¿Cómo… cómo será el fin del Universo? –preguntó Billy.

–Lo haremos estallar experimentando un nuevo combustible para nuestros platillos volantes. Un piloto de pruebas tralfamadoriano aprieta un botón de puesta en marcha, y todo el Universo desaparece.

Y así será.

–Si lo saben ustedes –insistió Billy–, ¿no pueden evitarlo de alguna forma? ¿No pueden evitar que el piloto apriete ese botón?

–Siempre lo ha presionado y siempre lo presionará. Siempre hemos dejado que lo hiciera y siempre dejaremos que lo haga. El momento ha sido estructurado así.

Elegida como una de las mejores novelas del siglo XX en lengua inglesa por múltiples publicaciones de prestigio, Matadero Cinco está escrita con un estilo accesible pero brillante, directo pero cargado de intención reflexiva. Una novela que nos conmueve y nos divierte, que en el fondo, busca aterrarnos por los horrores irreversibles de la guerra, donde los héroes, como le hace prometer la esposa de un antiguo compañero en el frente a Vonnegut antes de empezar a escribir, no los deberían representar en la gran pantalla John Wayne o Frank Sinatra. Una guerra librada por niños sin la cual no entendemos el presente, y que, ante todo, supuso la muerte de 62 millones de seres humanos. Así fue.

Ficha del libro

TítuloMatadero Cinco
AutorKurt Vonnegut
EditorialAnagrama
Fecha de ediciónOctubre 2016
GéneroNovela
FormatoPapel & Ebook
Páginas192
mm

Acerca de Luís María Martínez

Graduado en Literatura General y Comparada por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual por la Universidad de Sevilla. Ha publicado verso y prosa en diferentes medios y trabaja como redactor freelance de contenidos culturales.

Categoría

Literatura