2 de febrero de 2018

Las ciudades invisibles

Italo Calvino

A través de Las ciudades invisibles de Calvino realizamos un viaje por un territorio conocido, el de las ciudades modernas, enriquecido por la imaginación literaria de su autor y por la influencia de la obra de Jorge Luis Borges.

En Las ciudades invisibles no se encuentran ciudades reconocibles. Son todas inventadas; he dado a cada una un nombre de mujer; el libro consta de capítulos breves, cada uno de los cuales debería servir de punto de partida de una reflexión válida para cualquier ciudad o para la ciudad en general

Nota preliminar

Con estas palabras Italo Calvino introduce el libro que nos atañe en estas líneas. Nació en Cuba un 15 de octubre de 1923, donde vivió hasta 1925, ya que sus padres, de origen italiano, decidieron trasladarse nuevamente a Italia, específicamente a la ciudad de San Remo.

En 1941 ingresó en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Turín, pero al poco tiempo estalló la Segunda Guerra Mundial y debió interrumpir sus estudios. En 1943, fue llamado al servicio militar, del cual desertó. Acabada la guerra, se mudó a Turín, donde colaboró con algunos periódicos, además se matriculó en la Facultad de Letras y se afilió al Partido Comunista Italiano. Por estas épocas de su vida tuvo contacto con el mundo de la creación literaria, figuras como los escritores Cesare Pavese y Elio Vittorini, además de su trabajo con la editorial Einaudi, fueron influencias determinantes en su proceso de creación personal.

En un primer momento Calvino, al igual que muchos otros escritores jóvenes posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se vinculó con el movimiento del neorrealismo italiano. Fruto de este periodo fue una novela llamada El sendero de los nidos de araña (1947). Luego evolucionó a un periodo denominado fantástico, donde la obra más representativa es la trilogía Nuestros antepasados, que incluye los títulos El vizconde demediado (1952), El varón rampante (1957), y El caballero inexistente (1959). Estas obras se caracterizan por ser fábulas acerca de personajes que podrían considerarse una alegoría sobre lo absurdo de la sociedad contemporánea del autor.

Es al tercer periodo, denominado combinatorio, al que pertenece Las ciudades invisibles (1972), acompañada por otras obras como El castillo de los destinos cruzados (1969) y Si una noche de invierno un viajero (1979). Entre los autores que lo influyeron en este periodo se encuentra Jorge Luis Borges, siendo este una importante referencia para Las ciudades invisibles: motivos recurrentes borgeanos como los espejos, los laberintos, la biblioteca, el ajedrez o la infinitud del espacio/tiempo –por citar algunos– se encuentran a lo largo de las descripciones de cada ciudad presentada en el texto. Por ejemplo, así se describe el deambular por la ciudad de Ipazia:

No me quedaba sino interrogar a los filósofos. Entré en la gran biblioteca, me perdí entre anaqueles que se derrumbaban bajo las encuadernaciones de pergamino, seguí el orden alfabético de alfabetos desaparecidos, subí y bajé por corredores, escalerillas y puentes. En el más remoto gabinete de los papiros, en una nube de humo, se me aparecieron los ojos atontados de un adolescente tendido en una estera, que no quitaba los labios de una pipa de opio.

—¿Dónde está el sabio? —El fumador señaló fuera de la ventana. Era un jardín con juegos infantiles: los bolos, el columpio, la peonza. El filósofo estaba sentado en la hierba. Dijo:

—Los signos forman una lengua, pero no la que crees conocer.

Comprendí que debía liberarme de las imágenes que hasta entonces me habían anunciado las cosas que buscaba: sólo entonces lograría entender el lenguaje de Ipazia

III. Las ciudades y los signos. 4

En el fragmento anterior la acción se ubica en una biblioteca descrita como un lugar de grandes dimensiones –lo que nos remite al relato “La biblioteca de Babel”, parte del libro Ficciones (1944) de Jorge Luis Borges– donde esta se presenta como una especie de universo. Calvino muestra además la biblioteca casi como un laberinto, ya que indica que el viajero casi podría perderse en la misma.

En otra descripción de una ciudad, Calvino remite a la idea borgeana de la infinitud presente en un solo espacio, tema que Borges desarrolla en relatos como “El aleph” o “El libro de arena”. Calvino presenta una ciudad bajo el título “VI. Las ciudades y el cielo. 1” –la cual decide denominar Eudoxia– cuya particularidad estriba en que se dice que podría estar contenida en un tapiz. Marco Polo indica que se consulta a un oráculo acerca de la relación del tapiz con la ciudad, sobre lo cual este responde que uno de los dos es una creación divina y el otro solamente su reflejo, apenas comparable dado que este es de creación humana. Marco Polo interpela al lector indicando que tal vez Eudoxia es el verdadero mapa del universo, frente a la opinión del oráculo que cree más bien en el carácter divino del tapiz. Estas alusiones al universo Borges nos demuestran la gran admiración que poseía Calvino hacia el genio argentino.

Las ciudades invisibles se presenta como una divagación acerca de los problemas e impresiones que pueden surgir alrededor de la ciudad moderna. Tanto las virtudes como los defectos de las grandes metrópolis son presentadas en las páginas del libro. A través de sus líneas nos sentimos interpelados porque muchas de las reflexiones del texto nos tocan ya que, como habitantes de ciudades caóticas y congestionadas, oscilamos entre el amor y la aversión a las mismas a través de sus calles y vericuetos. El mismo Calvino reflexiona al respecto y nos interroga con la siguiente pregunta:

¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles.

Nota preliminar

La ciudad se presenta como un espacio donde se divaga acerca del ser humano mismo y de la sociedad en la cual está inmerso. Se realiza una crítica al ritmo acelerado de la ciudad que el hombre moderno ha construido: un lugar donde el consumo acelerado afecta la calidad de vida de los individuos, donde se malgastan los recursos, se mercantilizan las relaciones y se producen desechos de manera exacerbada.

Las conversaciones entre Kublai Kan y Marco Polo

Las ciudades invisibles se presenta como una serie de relatos de viaje que Marco Polo hace a Kublai Kan, emperador de los tártaros. Podríamos pensar que es una reinterpretación del Libro de las Maravillas (1300) de Marco Polo, en donde este le describe al Gran Kan las ciudades que recorre y que forman parte de sus dominios, mismas que este no puede visitar dado que su labor se ubica en el corazón del imperio. Sin embargo, cada descripción no representa una ciudad real para Calvino, sino lo que podría representar cualquier ciudad del mundo ante los ojos de un viajero, la impresión que producen o la evocación que provocan.

Durante un período se me ocurrían sólo ciudades tristes, y en otro sólo ciudades alegres; hubo un tiempo en que comparaba la ciudad con el cielo estrellado, en cambio en otro momento hablaba siempre de las basuras que se van extendiendo día a día fuera de las ciudades. Se había convertido en una suerte de diario que seguía mis humores y mis reflexiones; todo terminaba por transformarse en imágenes de ciudades: los libros que leía, las exposiciones de arte que visitaba, las discusiones con mis amigos

Nota preliminar

Con respecto a la estructura de la obra, esta posee nueve capítulos con una numeración tradicional, sin embargo, el libro permite otras formas de lectura, dado que las ciudades se pueden agrupar también por las características que representan. Cada capítulo posee –al principio y al final– una conversación entre Marco Polo y Kublai Kan, las cuales enmarcan o contextualizan las ciudades agrupadas. Calvino lo explica de la siguiente manera:

Al final decidí que habría 11 series de 5 textos cada una, reagrupados en capítulos formados por fragmentos de series diferentes que tuvieran cierto clima común. El sistema con arreglo al cual se alternan las series es de lo más simple, aunque hay quien lo ha estudiado mucho para explicarlo

Nota preliminar

Dentro de las 11 series que decidió Calvino podemos encontrar: Las ciudades y la memoria, Las ciudades y el deseo, Las ciudades sutiles, Las ciudades y los signos, Las ciudades y los ojos, Las ciudades y los intercambios, Las ciudades y el nombre, Las ciudades y el cielo, Las ciudades y los muertos, Las ciudades escondidas y, para finalizar, Las ciudades continuas.

Es interesante la importancia que adquiere el lugar del viajero en el texto, el cual, conoce más del imperio que el propio Kan. Es Marco Polo quien describe las tierras dominadas por el emperador, aunque este es el que las posee. El mismo Kublai Kan interroga a Marco Polo con cierta curiosidad acerca del oficio que desempeña y, lo interpela acerca de las razones que lo motivan a realizarlo:

Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.

—¿Viajas para revivir tu pasado? —era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?

Y la respuesta de Marco:

—El otro lado es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá (II).

Con respecto al personaje de Marco Polo –arquetipo del viajero por antonomasia– resulta interesante destacar que Calvino menciona la ciudad de Venecia, de la que el famoso viajero es oriundo. Es la única ciudad real que es mencionada en el texto, por la cual el Kan se siente atraído. En la conversación entre ambos que introduce la sección VI podemos leer:

Era el alba cuando dijo—: Sire, ya te he hablado de todas las ciudades que conozco.

—Queda una de la que no hablas jamás.

Marco Polo inclinó la cabeza.

—Venecia— dijo el Kan.

Marco sonrío.

—¿Y de qué crees que te hablaba?

El emperador no pestañeó.

—Sin embargo, nunca te he oído pronunciar su nombre.

Y Polo:

—Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia.

—Cuando te pregunto por otras ciudades, quiero oírte hablar de ellas. Y de Venecia cuando te pregunto por Venecia.

—Para distinguir las cualidades de las otras he de partir de una primera ciudad que permanece implícita. Para mí es Venecia.

—Entonces deberías empezar cada relato de tus viajes por el lugar de partida, describiendo Venecia tal como es, toda entera, sin omitir nada de lo que recuerdas de ella…

—Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras, se borran —dijo Polo—. Quizás tengo miedo de perder Venecia de una vez por todas si hablo de ella. O quizás, hablando de otras ciudades, la he ido perdiendo poco a poco.

La nostalgia de la ciudad de origen que representa Marco Polo en estas líneas es la que siente el viajero acerca de su ciudad natal, la cual es depositaria de todos sus recuerdos. Sin embargo, Calvino reflexiona acerca de la sensación del viajero que al regresar a su ciudad de origen no vuelve a la ciudad de su pasado, porque esta ya fue modificada por sus recuerdos y experiencias con respecto a otras ciudades, con lo cual, podríamos decir, que el viajero se vuelve un extranjero de cualquier ciudad que habite.

Las ciudades invisibles desde la óptica de Georg Simmel

Georg Simmel, en su obra La metrópolis y la vida mental (1903), menciona que esta aparente coraza del hombre frente a la ciudad es un mecanismo de defensa que se activa ante la presencia de sensaciones nuevas fruto del contacto con la misma, la cual puede desubicar al individuo, razón por la cual este prefiere reaccionar por medio de la razón y no por los sentimientos, los cuales están más relacionados, según el autor, con la vida rural.

Para Simmel, el tipo de individualidad que se desarrolla en las metrópolis se relaciona con la «intensificación del estímulo nervioso» el cual es el resultado de las impresiones internas y externas ante la vida en las ciudades. Sin embargo, del citadino u hombre metropolitano existen un sinfín de posibilidades –tantas como individuos habitan en las grandes urbes–. Calvino presenta en la sección I, una ciudad introducida con el nombre de “Las ciudades y el deseo. 3”, la cual decide nombrar Despina. Esta ciudad destaca por la posibilidad de mutar de descripción dependiendo del viajero que la visite. Es así que puede verse como una nave que sacará a un camellero del desierto, pero, si es un marinero quien la divisa, se presenta con la forma de una giba de camello. Ambas posibilidades de individualidad modifican la presencia misma de la ciudad que se presenta. Calvino la describe con estas palabras:

De dos maneras se llega a Despina: en barco o en camello. La ciudad es diferente para el que viene por tierra y para el que viene por mar… Cada ciudad recibe su forma del desierto al que se opone; y así ven el camellero y el marinero a Despina, ciudad frontera entre dos desiertos.

Sumado a estas situaciones, Simmel indica que también surgen otros condicionamientos para el habitante de las grandes urbes: el hastío, la insensibilidad, la mercantilización, la desconfianza, la frialdad de corazón, la indiferencia y la antipatía, entre otros. Todo esto nos presenta una ciudad casi desde una visión negativa, sin embargo, el ser humano migró y sigue migrando hacia las grandes urbes: sea por necesidad o por deseo. Calvino presenta a Raísa con todas estas características negativas que menciona Simmel, pero muestra los intersticios por los cuales la vida en la ciudad sigue llamando a los individuos como un tentador canto de sirenas:

También en Raísa, ciudad triste, corre un hilo invisible que une por un instante un ser vivo con otro y se destruye, después vuelve a tenderse entre puntos en movimiento dibujando nuevas, rápidas figuras de modo que en cada segundo la ciudad infeliz contiene una ciudad feliz que ni siquiera sabe que existe

IX. Las ciudades escondidas. 2

Calvino menciona en «II. Las ciudades sutiles. 2», que realmente sólo existen dos tipos de ciudades, las cuales se presentan, por un lado, como todo aquello que ha dado forma a los deseos del viajero y, por otro lado, como una realidad apabullante que ha terminado por consumir o devorar todas aquellas expectativas generadas previamente por el individuo:

Dicho esto, es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos clases, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos, o logran borrar la ciudad, o son borrados por ella.

La ciudad es presentada como un espacio con múltiples significados, pleno de posibilidades, tanto positivas como negativas, donde el individuo se inserta de manera resignada y se doblega a la barbarie de la gran urbe o, donde cumple todo aquello que esperaba de la ciudad y su experiencia con ella.

El infierno que habitamos todos lo días

Una de las situaciones que mejor describe Calvino es una de las grandes preocupaciones para la sostenibilidad de las grandes urbes y para el mantenimiento de nuestro entorno a futuro: la acumulación de desechos. Nuestra cultura de alto consumo produce toneladas de basura al día que enferman el planeta y convierten nuestro hábitat en un espacio desagradable e insalubre. Leonia se describe como una alegoría a una ciudad real: todos sus habitantes producen gran cantidad de basura pero nadie desea saber que sucede con esta una vez que se desecha. Sin embargo, la ciudad y sus desperdicios compiten por el espacio, el cual parece que eventualmente logrará fundirlas. El tratamiento de la basura se muestra desde una perspectiva irónica acerca de la exacerbada producción de desechos que produce el hombre moderno. Para Calvino, la ciudad se representa más por lo que desecha que por sus características como urbe:

El resultado es éste: que cuantas más cosas expele Leonia, más acumula; las escamas de su pasado se sueldan en una coraza que no se puede quitar; renovándose cada día la ciudad se conserva a sí misma en la única forma definitiva: la de los desperdicios de ayer que se amontonan sobre los desperdicios de anteayer y de todos sus días y años y lustros

VII. Las ciudades continuas. 1

Calvino cierra el libro con una reflexión acerca de cómo podemos reaccionar ante el dilema de la vida moderna en la ciudad. La libertad que tenemos como individuos nos permite decidir cómo enfrentar la vida cotidiana frente a las vicisitudes de la gran urbe:

—El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio (IX).

Sea como cielo o infierno, la ciudad siempre será la tentación del viajero: esta relación del viajero con las ciudades que visita y de las que posteriormente habla, ese deseo de conocer al otro a través de su espacio, no hace más que definir la esencia misma del yo que cada viajero lleva dentro. Tal vez ese deseo por transitar la ciudad es otra manera de tratar de conocernos a nosotros mismos a través de sus calles, es ese deambular por la urbe lo que nos permite ser espectadores de la vida del otro, con lo cual reflexionamos acerca de nuestra propia existencia.

Créditos

Para la imagen destacada hemos utilizado la ilustración de Karina Puente Frantzen de la ciudad de Zobeida junto con un retrato del autor. Las serie de ilustraciones dedicadas a Las ciudades invisibles, entre otras Despina, citada y reproducida en el texto, pueden encontrarse en Plataformaarquitectura.cl.

Ficha del libro

TítuloLas ciudades invisibles
AutorItalo Calvino
EditorialSiruela
Fecha de ediciónEnero, 2017
GéneroFicción filosófica
FormatoPapel & Ebook
Páginas172
mm

Acerca de Lucía Leandro Hernández

Lucía Leandro Hernández nace a las faldas de los volcanes Irazú y Turrialba en Cartago, Costa Rica. Es licenciada en música por la Universidad de Costa Rica y posee un professional performance certificate por Penn State University, EEUU. Ha realizado estudios de educación y literatura latinoamericana en la Universidad de Costa Rica. Actualmente es estudiante del máster en teoría de la literatura y literatura comparada de la Universitat de Barcelona.

Categoría

Literatura, Novelas