‘Cerca del corazón salvaje’ de Clarice Lispector

Cerca del corazón salvaje muestra dos características contrapuestas: Juana acompañada y Juana sola. Cuando Juana está acompañada, los demás personajes no logran comprenderla, mientras que, sola es ella misma, deja ver su mundo interno al lector.

«Creo que te estás enamorando de (Clarice) Lispector (1920-1977), ¿no?», insinúa irónicamente un compañero de trabajo a quien lo debo tener, me imagino, cansado y aburrido ya que desde hace más de un mes siempre en mis conversaciones han aflorado esta escritora como su obra.

Me interesé mucho por la vida de esta mujer, no sólo por la escritora, sino por el personaje misterioso que sus biógrafos afirman fue. Según escribe Benjamín Moser en su libro Por qué este mundo, Lispector logró mantenerse alejada de los medios de comunicación como de sus fans, muy pocos sabían los datos básicos: ¿dónde vivía?, ¿con quiénes vivía?, ¿su nombre era real o era un pseudónimo?, etc.

Momentos claves como por ejemplo que en su infancia inventaba historias para contarle a la madre enferma, historias las cuales finalizaban relatando una cura milagrosa ya que creía que de esa manera la curaría de esa enfermedad incurable que padecía y que contrajo cuando todavía vivía en Chechelnic, Ucrania. Ya desde niña se le notaba las aptitudes de escritora, aunque los editores de los periódicos a los que enviaba sus relatos jamás publicaron nada porque «nunca empezaban con un “Érase una vez”» como solían hacer los otros niños que enviaban sus historias, afirmó en un momento.

La mujer «mitad humana, mitad caballo», como solía autodenominarse, es decir, el centauro que representa al signo zodiacal de sagitario, su signo, fue ama de casa, madre de dos niños, pero no le agradó ser “domesticada” por la vida diplomática que llevó casi por dieciséis años con el padre de sus hijos.

En una última entrevista, publicada en internet, noto su acento diferente cuando habla el portugués. Mujer de cincuenta años, delgada, rasgos felinos, mira con recelo al entrevistador, mira como miran los gatos, mejor dicho: observa. Realmente parece una esfinge. La primera vez que vi esa charla, me concentré en sus movimientos corporales y en algunas palabras que se pueden entender del portugués que se asemejan al español. En ese primer momento me llamó la atención ese largo silencio de ella cuando afirma que la soledad del ser humano es triste. Silencio que se vuelve incómodo, pero ella se sobrepone a ese momento y retoma las respuestas. Murió un año después con cáncer de los ovarios.

Cerca del corazón salvaje

Cerca del corazón salvaje fue publicada en 1944, con esta primera novela ganó el premio Graça Aranha. Novela muy bien recibida por la crítica brasileña, diferente a las que hasta ese momento fueron escritas en Brasil, menos tradicional, más introspectiva.

La novela tiene como protagonista a Juana, una joven que más o menos oscila entre los veintiuno y los veinticinco años. Juana es un personaje bastante peculiar, una mujer muy peculiar. No expresa mucho de manera externa, sí de manera interna, sus pensamientos, su subjetividad, pero el lector tampoco sabe todo de ella porque incluso a veces ni siquiera piensa lo que le está sucediendo, sólo lo vive sin nominar la experiencia.

Esta narrativa es una narración constante de la interioridad de Juana, una interioridad que fascina por esos pensamientos tan reflexivos y, al mismo tiempo, tan sin sentido, tan incoherentes. La escritora en esa última entrevista expresa que el ser humano lleva consigo una soledad triste, incluso se siente ese sentimiento de vacío cuando lo expresa, sin embargo, su personaje Juana en esta primera novela lleva una soledad “llena”, necesaria para poder recargarse a sí misma, para pensar y crear sus palabras nuevas, tener su espacio propio en el que no entra su esposo, Octavio, y una soledad en la que existe una comunión epifánica con algo más profundo, quizá espiritual.

Dos momentos que se contraponen en la novela todo el tiempo: Juana acompañada y Juana sola. En Juana acompañada, ella está rodeada por los demás personajes: el padre, la tía, el esposo, la amante del esposo, el hombre que es su amante y la mayoría de estos personajes no logran penetrar en ella ya que se mantiene distante, callada, a veces incluso les demuestra una especie de superioridad. Mientras que Juana sola es ella misma, es decir sus pensamientos, sus momentos líricos e imaginativos, los verdaderos sentimientos que no muestra a los demás; de esa manera el lector puede conocerla mejor que los personajes que la rodean.

Juana acompañada

Cuando Juana está acompañada no puede expresarse como ella quisiera y eso causa que la gente no le entienda, ésta una opción. Otra es que parece que su interioridad, de alguna manera, rebasa a los demás. Tiene sueños e ideas extraordinarios, incluso mágicos:

Al principio soñaba con ovejas, con ir a la escuela, con gatos bebiendo leche. Luego, soñaba con ovejas azules, con ir a la escuela en medio del bosque, con gatos bebiendo leche en cazos de oro. Y los sueños cada vez eran más densos y adquirían colores difíciles de traducir en palabras.

—Soñé que unas bolas blancas me subían por dentro…

—¿Qué bolas? ¿De dentro de dónde?

(…)

—Estoy pensando que tal vez te abandonaron muy pronto… en casa de tu tía… los extraños… después el internado…

Juana pensó: pero estaba el profesor. Contestó:

—No… ¿Qué más habrían podido hacer conmigo? ¿Haber tenido una infancia, no es lo máximo ya? Nadie podrá arrancármela… —En ese instante ya empezaba a escucharse, curiosa.

¿Por qué las palabras no le salen? Es tan vívido su mundo interno, pero delante de los otros las palabras se obstinan en no salir. Sólo balbucea, sólo dice tonterías. Con su padre hablaba, poco, pero hablaba, luego de la muerte de éste muy pocos se esforzaban en entenderla de verdad. Tal vez el profesor, obviamente la tía no le entiende y después, cuando ya es adulta, el hombre sin nombre:

Juana continuaba escuchándolo, y era como si sus tíos jamás hubiesen existido, como si el profesor y ella misma estuvieran aislados dentro de la tarde, dentro de la comprensión.

—No, realmente no sé qué consejos podría darte —le decía el profesor—. Dime antes que nada: ¿qué es bueno y qué es malo?

—No lo sé…

—No, «no lo sé» no es la respuesta. Aprende a encontrar todo lo que existe dentro de ti.

—Bueno es vivir… —balbuceó Juana—. Malo es…

—¿Es?…

—Malo es no vivir…

—¿Morir? —preguntó él.

—No, no… —gimió Juana.

—¿Qué es entonces? Dime.

—Malo es no vivir, solo eso. Morir es otra cosa. Morir es diferente de bueno y malo.

Octavio

El amor aprisiona o puede hacerlo, por lo menos eso sería lo que piensa Juana. Da la impresión que se queda con el esposo por ese pedacito de felicidad, por ese pequeño amor que todavía siente por él. Aunque la convivencia parece que ha acabado casi todo, ya que ésta puso en evidencia las grandes diferencias que existen entre ambos.

Tal vez Juana acompañada se siente más incómoda cuando la compañía es Octavio, la convivencia entre ambos no hizo más que mostrar lo antagónicos que son. Hay un capítulo, “Boda”, uno piensa que hablará sobre ese gran acontecimiento en la vida de una mujer, pero son meros y lejanos recuerdos, el capítulo se enfoca más en ese presente en el que Juana sigue casada con Octavio. Un presente donde se muestra la languidez de un convivir juntos, una especie de aburrimiento. El hombre trabajando y la mujer atenta a sus movimientos, servil por fuera, pero sus pensamientos expresan lo que realmente siente… Lo observa bastante crítica, hay como una rabia mutua.

La culpa era de él, pensó fríamente, mientras esperaba la nueva ola de rabia. La culpa era de él. La culpa era de él. Su presencia, y más que su presencia: saber que él existía, la privaba de libertad. Ahora, solo raras veces, y de una manera fugaz, conseguía sentir. Eso: la culpa era de él. ¿Cómo no lo había descubierto antes?, se preguntó triunfante. Él se lo robaba todo, todo. Y como la frase resultaba pobre aún, pensó con intensidad, con los ojos cerrados: ¡todo! Se sintió mejor; pensó con más nitidez.

Claro que eso de culpar u odiar al otro de algo es una actitud bastante inmadura, en vez de asumir la responsabilidad de la elección de haberse casado con él. Juana siente que por culpa de él perdió su amada libertad:

¡Antes de que él llegara, estaba siempre con las manos extendidas y cuántas, oh, cuántas sorpresas recibía! Violentas sorpresas, como el rayo, dulces sorpresas, como una lluvia de pequeñas luces… Ahora tenía todo su tiempo entregado a él y los minutos que eran suyos Juana los sentía concedidos, partidos en pequeños cubos de hielo que debía tragar rápidamente, antes de que se derritieran. Y fustigándose para andar al galope: ¡mira, que ese tiempo es libertad!, mira piensa deprisa, mira, encuéntrate deprisa, mira… ¡se acabó! Ahora —solo más tarde, de nuevo la bandeja de cubitos de hielo y tú delante de ella, fascinada, viendo los reguerones de agua escurriéndose—.

Pero no lo abandona, aunque quiere, incluso después de que se entera que él la estaba engañando con la novia de la infancia, Lidia, no lo hace por ese «poquito de felicidad» que él le brinda: «—Aplazarlo, solo aplazarlo. —Pensó Juana antes de dejar de pensar. Porque los últimos cubitos de hielo se habían derretido, y ahora ella era tristemente una mujer feliz».

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Comentarios

  1. Gracias, simplemente gracias, últimamente me acostumbro a las reseñas pre lectura. Me gusta el contexto anterior a comenzar una obra. Un trabajo excelente el que realizan. Cariños desde Chile

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